sábado, 5 de marzo de 2016

Lubina con arroz a la oriental


¿Quién podría transformar una deliciosa e inocente 
taza de té, sandwich de pepino o pastel de carne 
 en un menú de lo más trágico así como quien no quiere la cosa? 

Nadie más que la reina del crimen o duquesa de la muerte...
¡Aghata Christie!
 Aficionada a envenenar a sus personajes y provocar que nos zampemos 
sus novelas de una sentada hasta descubrir ¡por fin! quién era el asesino,
ésta vez podremos deleitarnos preparando los platos con que están salpicados 
sus relatos, sin temor alguno a no contarlo...
y todo gracias a Anne Martinetti y Françoise Riviére 
que los recrearon y recopilaron  en el libro 
"Cremas y castigos, recetas deliciosas y criminales"
del que no saldréis ilesos en cuanto lo pongáis en práctica.


PERSONAJES
No, no hay arsénico!! jajaja Tan sólo lo siguiente:
-1 lubina
-250 grs. de arroz largo (yo usé el de la foto)
-1 cebolla picada
-1 puerro (sólo la parte blanca, cortada en rodajas)
-60 grs. de mantequilla
-2 dientes de ajo
-1 manojo de perejil, eneldo y cilantro
-1 cucharadita de azafrán
-1 naranja amarga (yo, dulce)
-sal, pimienta.
Nota: yo reduje las cantidades, con éstas que pongo aquí da para tres personas)

RECONSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS: 
(contada así no por el libro sino según Mrs. MarplE.sther ;-)

Metámonos en la cocina y observemos cómo hay huellas por los mangos de la cacerola, fruto de que alguien ha estado rehogando en mantequilla, premeditadamente lenta, la cebolla y el puerro hasta dejarlas translúcidas del todo (qué escalofrío ver a través de ellas!) 

La sesión debió continuar sacando de nuevo el cuchillo, y descuartizando con todas sus ganas tanto a los ajos, como el trío de "hierbas" de que disponía en ese momento: perejil, eneldo y cilantro, pasando por añadir también las hebras de azafrán al cazo.

Una vez levemente tostadas, es seguro que lo alivió con una fina lluvia de arroz removiendo ágilmente con una cuchara de madera.  Por último, todos los indicios llevan a que remató la faena ahogando a su víctima. Esto es, cubriéndola entera con agua y dejándola entre el chup-chup del líquido hirviente nada más y nada menos que hasta que se consumió y sus granos quedaron tiernos, luego los dátiles rebanados cayeron uno detráa de otro y comprobó si el punto de sal y pimienta estaban a su gusto. 

No sin antes haber sometido a la lubina en la pescadería a todo tipo de atrocidades: donde le quitaron las escamas, las tripas, aletas y cola y hasta la decapitaron, desde donde haciéndole una incisión con un cuchillo afilado hasta abajo, posteriormente la cortaron en seis rodajas. Sí, limpiaron bien la escena del crimen lavándolo todo concienzudamente con agua pero eso no bastó para comprobar que una vez en la casa un reguero de manchas sospechoso por el pasillo se relacionaba directamente con los restos de harina de freír pescado...que había alrededor de la lumbre.

A juzgar por las caras de felicidad de los presentes en el comedor, que se disponían a pasar la velada del sábado cómodamente en el sofá, charlando y catando los postres... ya no es que tenga sospechas infundadas de que lo van a repetir impunemente cualquier día de éstos, sino que estoy segura de que es algo adictivo, pues el aromático arroz thai y la hermosa lubina en su punto regadas con el zumo de la jugosa naranja, hicieron que yo también me convirtiera en el principal sospechoso...
...de comerme mi ración sin rechistar, al contrario ¡¡de lo más gustoso!!


¡Este libro es totalmente recomendable!
Además de las recetas recoge citas de las novelas de Aghata Christie y también pasearemos entre sus capítulos, llenos de párrafos y fotografías al respecto, acompañándola en sus desayunos por Torquey, los platos suculentamente deliciosos de Greenway o los que saboreaó por tierras exóticas (como el presente) o reposados en picnis de la campiña inglesa para terminar con toda la golosa repostería de Hércules Poirot a un estado de levitación por atracón nada usual, emulando su propia glotonería.

"-El pescadero ha vuelto a engañarla, querida -decía-. Este pescado no está fresco.
No lo ha palpado con el dedo tal como le expliqué. Hay que tocarlo, examinar el ojo, ponerle el dedo en el ojo. Yo observé el pescado con circunspección. Meterle el dedo en el ojo me parecía poco considerado. 
-También hay que ponerlo derecho sobre la cola, para ver si se sostiene o se dobla"
(Autobiografía)


Me declaro culpable de incitaros a que probéis este plato ¡criminalmente delicioso!
y no dudéis en atreveros a enviarme las "pruebas" en forma de fotografías, 
para que todos os tengan fichados en mi página superior de "vuestras fotos"

Muchísimas gracias, Mere, por tu regalo-sorpresa ¡me encantó! y lo sabes..:)
Ya no me pregunto si existe la transmisión de pensamiento, 
entre las buenas amigas eso ¡sí existe!