lunes, 6 de julio de 2015

Lenguado a la molinera



Esta es la traducción de "Sole meunière", un plato típico de la cocina francesa que en castellano significa "lenguado a la molinera" por la sencilla razón de que el pescado se pasa por harina antes de freírlo, aunque lo más característico es la técnica empleada.  Su salsa de mantequilla tostada, con perejil y aromatizada con limón le confiere un sabor inigualable, y además de gozar de un plato de categoría disfrutaremos el doble por su rápida elaboración.


Aunque yo lo llamaría "Del lenguado y los olvidos..." 
porque tanto el propio lenguado como el posible origen del plato 
van acompañados de sendos olvidos, 
que en el primer caso dió lugar a una leyenda sobre el aspecto de éste pescado,
y en el 2º a un gran éxito entre los comensales por lo delicioso que está.

INGREDIENTES: 
Para el pescado
-4 filetes de lenguado 
-2 cucharadas de mantequilla y 2 cucharadas de aceite de oliva
-harina de trigo
-sal y pimienta
Para la salsa:
-50 grs. de mantequilla
-perejil picado
-jugo de 1 limón
-un puñado de almendras fileteadas
PREPARACIÓN:
1-Salpimentar el pescado y pasarlo por harina, sacudiendo el exceso. Calentar  el aceite de oliva en una sartén al fuego y añadir la mantequilla, girándola para que cubra todo.
2-Freír el lenguado de 2 a 3 minutos por cada lado, hasta que esté dorado. Sacar los filetes a un plato y reservar calientes tapándolos con papel de aluminio.
3-Limpiar la sartén con un papel de cocina y calentar la mantequilla hasta que esté derretida y a punto de hervir pero sin que se ponga marrón (a punto noisette, que le dará muy buen sabor) entonces añadimos las almendras y después el zumo de limón y el perejil picado. Mezclar bien y dejar reducir unos segundos.
4-Verter la salsa sobre el pescado y servir enseguida.




El primer despiste viene de hace tiempo...
El profeta Moisés, hambriento, 
puso aceite en la sartén y comenzó a freír el lenguado
pero quedó tan ensimismado en sus múltiples pensamientos 
que lo olvidó por completo y se quemó por un lado.
Al lanzarlo al mar por no estar a su gusto,
el pez recobró la vida y a partir de entonces 
mostró un lado oscuro (la parte quemada) y el otro blanquecino (el crudo)   
 En cambio, el cocinero J.P. Meunière (nacido en 1889) cuando iba a preparar 
un lenguado a la plancha con limón tuvo que ausentarse un rato de la cocina 
dejando olvidada la sartén con la matequilla puesta al fuego y ésta se empezó a quemar.
Menos mal que cuando volvió, y ya pasado el enfado,
 lo probó mezclado con el jugo de limón y le gustó como salsa 
para acompañar el pescado, si no, nos habría privado de ésta receta tan rica.

¿Y yo...qué más os iba a decir? ah, sí ¡que aproveche!